
Luego de que la canciller alemana Angela Merkel recibiera en septiembre pasado al Dalai dando lugar al primer encuentro que concede un primer ministro alemán al líder religioso y espiritual del pueblo tibetano, las presiones del gobierno chino no tardaron en llegar, hostigando para que la canciller Merker rechazara al Dalai Lama, sino obstante, la canciller volvió a asumir su postura anterior cuando en 2005 recibió al líder religioso por primera vez.
Poco después, en octubre, el Gobierno chino cancelaba su asistencia a una reunión internacional sobre el conflicto nuclear iraní en Berlín, algo que, aunque no fue reconocido por Pekín, pudo deberse según los analistas a una represalia a la reunión de Merkel y el Dalai Lama.
La represalia también pudo estar dirigida contra el Gobierno de EEUU, que había organizado la reunión berlinesa y pocos días antes había concedido al líder tibetano una condecoración oficial en el Congreso norteamericano.
China, no obstante, ha recibido de Berlín la promesa de que "no apoyará ni animará cualquier intento de independencia de Tíbet", según la agencia de noticias Xinhua, por lo que Pekín "desea trabajar con Alemania para mejorar las relaciones, bajo los principios de igualdad y no interferencia mutua en los asuntos internos".

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